Por Jorge R. Trejo
Todos nos hemos enfermado alguna vez, y por lo mismo todos conocemos los medicamentos. Son aquellas sustancias dotadas de propiedades para prevenir, diagnosticar, tratar, aliviar o curar enfermedades o dolencias, para afectar funciones corporales, o el estado mental de una persona. Y en la actualidad existen muchas alternativas contra enfermedades o síndromes que no podríamos haber imaginado hace 5 años.
En toda la gama de nuevos medicamentos existen tres vertientes muy importantes: los medicamentos recombinantes, los anticuerpos monoclonales y el RNA de interferencia. En esta ocasión nos enfocaremos en los primeros.
Los seres vivos somos a la vez sencillos y muy complejos. Todos estamos compuestos de 4 o 5 tipos de macromoléculas generales, como los carbohidratos, lípidos, proteínas y ácidos nucleicos. Eso es lo sencillo. Lo complejo viene en la manera en que se mezclan e interactúan todas ellas, ya que son capaces de formar estructuras características de cada especie.
Para explicar esto, tomemos como ejemplo a las personas que sufren diabetes tipo I. Quienes tienen esta condición no pueden producir insulina, una hormona (proteína) necesaria en la degradación de azúcares, por lo que tienen que tomarla regularmente para controlar el azúcar sanguíneo. Hasta hace unos años, la demanda era cubierta gracias a la producción de insulina porcina, que se asemeja bastante a la humana, aunque puede producir algunas reacciones alérgicas. Fuera de eso, hacía bastante bien el trabajo.
Para evitar esos posibles efectos secundarios, gracias a los avances de la ingeniería genética se extrajo el gen humano que produce esta hormona, se colocó en un microorganismo, y se comenzó a producir insulina 100% idéntica a la humana, sin reacciones alérgicas, y que actúa exactamente igual que la producida naturalmente por el cuerpo. A ese tipo de sustancias obtenidas de un organismo vivo pero que no se producen en el organismo original (Pero que son completamente iguales a la sustancia buscada), se les llama recombinantes.
Como la insulina, también la Hormona de Crecimiento Humano (HGH) recombinante se produce en otros seres vivos, en este caso vacas (en Argentina). De hecho, una de ellas –llamada Pampa Mansa “la vaca recombinante”– produce aproximadamente cinco gramos de HGH por cada litro de leche. Esto es suficiente para abastecer toda la demanda de Latinoamérica. Actualmente están en crecimiento Pampa Mansa I y II, que producirán iguales cantidades que la primera, y con ello se podría abastecer la demanda del continente americano entero (Biosidus, www.biosidus.com.ar).
Pero aunque los medicamentos recombinantes presentan muchas ventajas, no son la respuesta para todos los padecimientos del mundo. Por suerte, siguen surgiendo nuevas alternativas que si bien no son la ambrosía de los dioses, nos permiten mejorar enormemente nuestra calidad de vida.
Parece una pregunta sencilla, pero realmente es muy interesante. Si nos pidieran señalar el sur en el Polo Sur, ¿a dónde señalaríamos? Por que, a donde señalemos, está el norte. ¿Es acaso el Polo Sur un punto extraño donde no rigen las fuerzas físicas? Por lo que han demostrado las expediciones a la Antártica, el Polo Sur es un punto tan común como en el que estamos parados en este momento. Entonces, no es tan importante saber que hay al sur del Polo Sur, si no saber que hay al Norte.
